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Triple Onda eleva el listón del espectáculo navideño con un montaje inmersivo de gran formato

La Navidad es más que una fecha en el calendario. Es emoción, expectativa, recuerdo y —cuando hay un reto creativo de gran escala— también se convierte en espectáculo. Este año, Triple Onda asumió el desafío de transformar la época navideña en una experiencia sensorial sin precedentes, apostando por un despliegue técnico y artístico diseñado para convertir la celebración en un acontecimiento inolvidable.

Con cuatro escenarios principales y un diseño de efectos especiales de alto impacto, la compañía logró crear momentos que no solo se ven, sino que se sienten. El montaje incluyó lanzadores de confeti, blasters y tecnologías de chispa fría como las esparkulas, combinadas con atmósfera generada por máquinas de humo y humo escénico. Cada recurso fue planificado con un propósito claro: asegurar que la narrativa visual estuviera a la altura del reto delante del público. El objetivo era contundente: convertir la Navidad en memoria viva.

Iluminación con narrativa propia

Si la puesta en escena fue el cuerpo del espectáculo, la iluminación fue el alma que lo animó. El equipo técnico instaló 32 cabezas móviles de alto rendimiento, repartidas estratégicamente entre 16 unidades 3 en 1 y 16 Wash, ofreciendo versatilidad de movimiento, color y textura lumínica. Para reforzar la presencia en cada punto clave, el sistema incluyó además dos cañones de seguimiento y dos follow spots profesionales, asegurando que ningún momento del show pasara desapercibido.

Todo el diseño de iluminación estuvo programado y sincronizado mediante el software profesional Avolites. Gracias al control desde sistemas avanzados de precisión lumínica, el resultado fue una ejecución dinámica, milimétrica y con un fuerte componente narrativo, capaz de sostener tensión, emoción y ritmo como en una producción audiovisual.

Imagen monumental en formato cinematográfico

La propuesta audiovisual se definió en gran formato. Un trío de pantallas LED Screen de gran tamaño se convirtió en el eje central de la puesta en escena, envolviendo al público desde múltiples ángulos y generando una narrativa visual inmersiva.

El sistema se complementó con un control de realización en directo apoyado por tres cámaras profesionales sincronizadas, que permitieron capturar y mezclar cada instante con un enfoque cinematográfico. La experiencia se concibió para aportar contexto y emoción, ampliando la dimensión del proyecto mediante una estética envolvente y una realización emocionalmente potente.

Sonido épico para espacios monumentales

No era suficiente con que el espectáculo fuera visualmente impactante. También tenía que sonar a grandeza. Triple Onda apostó por un sistema line array combinado, articulado alrededor del sistema profesional XLA-2 junto al sistema EXP, una solución diseñada para grandes espacios donde la claridad y la potencia deben coexistir sin concesiones.

El resultado fue un sonido equilibrado, expansivo y con la fuerza necesaria para sostener la escala del evento, aportando nitidez en frecuencias medias y agudos controlados, además de una presencia acústica robusta capaz de llenar el espacio y acompañar la puesta en escena con impacto narrativo.

Ingeniería en altura y seguridad estructural

Un montaje de esta magnitud exige rigor técnico en cada centímetro. Para soportar el sistema de sonido, la compañía diseñó y construyó una estructura específica de andamio dedicada al rigging del sistema XLA-2. Además, se utilizó una red de truss profesional destinada a la iluminación y a la instalación de pantallas LED Screen de gran formato, integrando sistemas de elevación y puntos de rigging certificados para garantizar una implantación impecable del equipamiento en altura.

La seguridad y la escalabilidad no fueron elementos secundarios, sino puntos esenciales del proyecto, asegurando estabilidad técnica, adaptación al espacio y una ejecución sin fisuras.